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		<title>Barreras</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Apr 2013 15:26:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>emilio</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Barreras de comunicación Mientras el médico y yo atravesamos el angosto recibidor, nos despedimos de la familia del paciente, hago &#8230;<p><a href="http://bienvenidoamioficina.com/2013/04/18/barreras/">Continuar leyendo &#187;</a></p><img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=bienvenidoamioficina.com&#038;blog=25944689&#038;post=569&#038;subd=bienvenidoamioficina&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Barreras de comunicación</p>
<p>Mientras el médico y yo atravesamos el angosto recibidor, nos despedimos de la familia del paciente, hago lo posible por que la aparatosa mochila que cargo no derribe ninguna de las omnipresentes figuritas de porcelana. Apenas hemos abandonado la vivienda cuando el timbre del móvil interrumpe la conversación. Os queda mucho? Estamos volviendo al coche -replico algo extrañado, pues habitualmente esperan a que terminemos un aviso para transmitir el siguiente- Por qué? Hay un aviso no muy lejos, ideas autolíticas, no figura como máxima prioridad pero me suena raro. De acuerdo, estamos ahí enseguida.<br />
Los avisos por pensamientos suicidas no son infrecuentes; habitualmente se trata de pacientes ya tratados, a los que un cambio en su vida les saca del precario equilibrio que mantienen. Una pequeña dosis de escucha activa y un ajuste en la pauta de medicación permiten sobrellevar la situación hasta la consulta del especialista. Al descender del vehículo, escuchamos unos gritos procedentes de una ventana en la primera planta del bloque. Con medio cuerpo fuera de ella, un hombre sin camiseta blande un enorme cuchillo de cocina al tiempo que grita hacia el policía que está en la calle: Marchaos! Marchaos o me lo clavo!<br />
&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<br />
El compañero del agente trata de ponernos al corriente, visiblemente azorado: traíamos una orden de detención, y al comunicarselo en el pasillo de su casa, ha ido a por nosotros con el cuchillo. Mi compañero ha llegado a desenfundar el arma, lo que le ha hecho perder aún más el control; hemos preferido salir de allí. Está en tratamiento? Parece que sí, ha tirado este taco de informes médicos por la ventana. Que os marcheis! Con el médico tratando de sintetizar algo de informacion útil en el legajo y con la tensión insoportable entre Samuel -segun consta en los informes- y la Policía, no quedan muchas opciones.<br />
Samuel, soy Emilio, técnico de urgencias. Eso ya lo veo, replica. El médico y yo hemos venido a ayudarte ¿Cómo estás? Dejadme en paz! Puedes contarme qué ha pasado?</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/bienvenidoamioficina.wordpress.com/569/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/bienvenidoamioficina.wordpress.com/569/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=bienvenidoamioficina.com&#038;blog=25944689&#038;post=569&#038;subd=bienvenidoamioficina&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Contacto</title>
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		<pubDate>Sun, 04 Nov 2012 10:47:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>emilio</dc:creator>
				<category><![CDATA[UVI móvil]]></category>
		<category><![CDATA[accidente laboral]]></category>
		<category><![CDATA[Carol]]></category>
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		<description><![CDATA[Sentado en la butaca de la cabina asistencial, apoyo la cabeza sobre el lateral del mueble mientras cierro los ojos y disfruto &#8230;<p><a href="http://bienvenidoamioficina.com/2012/11/04/contacto/">Continuar leyendo &#187;</a></p><img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=bienvenidoamioficina.com&#038;blog=25944689&#038;post=541&#038;subd=bienvenidoamioficina&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://bienvenidoamioficina.files.wordpress.com/2012/11/vendaje.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-548" title="Vendaje" alt="Vendaje" src="http://bienvenidoamioficina.files.wordpress.com/2012/11/vendaje.jpg?w=300&#038;h=300" height="300" width="300" /></a>Sentado en la butaca de la cabina asistencial, apoyo la cabeza sobre el lateral del mueble mientras cierro los ojos y disfruto del sopor de vuelta a la base. Dado que Jack -el otro técnico- es también conductor, intercambiamos el timón del barco, como le gusta decir, mediada la guardia. Quizá debería haber elegido un menú más ligero, pero los espaguetis y el filete con patatas parecían la mejor opción después de una mañana de avisos y con otras siete horas por delante.</p>
<p>El timbre del teléfono móvil desvanece mis ensoñaciones desde la zona de conducción. Alzando la voz para sobreponerse al rugido creciente del motor, Eva recita: <em>accidente en la planta cárnica, hemorragia grave</em>. El golpe de adrenalina me ayuda a incorporarme para, asido a la barra al efecto que recorre el techo, hacerme apresuradamente con sueros, gasas y vendas de los estantes. El impulso de la frenada previa a la primera rotonda me devuelve casi volando al asiento, donde me abrocho de nuevo el cinturón de seguridad. Nota mental: la siguiente guardia, sopa y ensalada.</p>
<p><span id="more-541"></span>Los líquidos tibios serpentean a través de las conducciones de plástico transparente, retirando el aire que de llegar al torrente circulatorio pondría en <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Embolia_gaseosa">peligro</a> la vida del paciente; apenas he terminado de preparar los sistemas de infusión intravenosa cuando compruebo que ya hemos llegado. Dado que al avisarnos estábamos en marcha y que mi compañero conoce bien la zona, han pasado menos de cuatro minutos. Perfecto.</p>
<p>Mientras nos apeamos de la unidad, un grupo de personas con monos de trabajo abandona la nave industrial cargando esforzadamente hacia nosotros un cuerpo inerte como un muñeco de trapo. Cambiando de inmediato el plan -nuestro &#8220;modus operandi&#8221; habitual es la asistencia en el lugar del accidente- Jack abre las puertas traseras y extrae de su plataforma la camilla en la que instantes después aterriza nuestro paciente.</p>
<p><span style="font-style:normal;line-height:21px;">El rojo sangre que mancha casi toda su ropa</span> contrasta sobremanera con lo pálido de su tez. Un aparatoso vendaje improvisado cubre desordenadamente el antebrazo izquierdo, por lo que Carol comienza en el derecho la búsqueda de una vena para canalizarla y reponer líquidos. <em>Tengo un salino y un expansor purgados,</em> le informo; <em>no esperaba menos</em>, replica ella mostrando su confianza al tiempo que Eva comprueba pulso y respiración, todavía presentes.</p>
<p><em>¡Tus tijeras!</em> Tras varios años formando equipo, la médico conoce cada pieza del equipo que llevo conmigo, pero en este caso lo que me extraña es el objetivo <em>¿Qué hay que cortar?</em> me ofrezco. <em>El vendaje, quiero ver la herida</em>. No puede ser, la regla de oro para cohibir una grave hemorragia es no retirar los primeros apósitos, especialmente si ya está taponada como es el caso. Disconforme, extiendo la herramienta hasta su mano y doy un discreto paso atrás ante la expectativa de un violento surtidor granate.</p>
<p>Para mi sorpresa, las capas de tela van cayendo pero la sangre no se muestra. <em>¿Dónde se ha cortado?</em> inquiere Eva a los expectantes compañeros que nos rodean. Al parecer nadie vio el momento preciso. La piel queda ya al descubierto, y Eva la registra volteando una y otra vez el antebrazo tratando de localizar el origen del sangrado. <em>Un momento</em>, indica dirigiendo la mirada a Carol, que mantiene la aguja sin introducir.</p>
<p><em>Escúchame</em>. Las palabras de la doctora, en un tono tan firme como suave, destacan sobre el ruidoso ambiente, pues se ha arrodillado para acercarse al oído del trabajador: <em>Estás bien, puedes incorporarte</em>. Como abandonando un profundo trance, sus párpados se separan perezosamente y los ojos examinan con sorpresa el espacio circundante. Al tiempo que los presentes intercambiamos miradas de extrañeza, ella le invita a compartir la historia. <em>Noté el frío de la cuchilla y anudé la toalla sin mirar, avisando a los compañeros justo antes de desvanecerme por la impresión</em>. Un rasguño apenas visible certifica la veracidad de su relato.</p>
<p>Minutos después y con el informe de la asistencia en la mano, el trabajador camina hacia a la nave dando todo tipo de explicaciones a sus compañeros; lo que no podemos prevenir son los chascarrillos de los días venideros. Consigo contener mi curiosidad tan sólo unos segundos: <em>¿Cómo lo has sabido? En realidad no lo sabía </em>-responde Eva-<em> pero investigué porque algo no cuadraba</em>. Sí, hay que tener algo más que títulos para ser buen médico en extrahospitalaria.</p>
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<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/bienvenidoamioficina.wordpress.com/541/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/bienvenidoamioficina.wordpress.com/541/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=bienvenidoamioficina.com&#038;blog=25944689&#038;post=541&#038;subd=bienvenidoamioficina&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Fiesta</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Oct 2012 19:49:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>emilio</dc:creator>
				<category><![CDATA[Voluntariado]]></category>
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		<description><![CDATA[Una explosión cubre el oscuro cielo con tonos anaranjados. La segunda, más fuerte, emplea un celeste que recuerda al mar. Otra más, &#8230;<p><a href="http://bienvenidoamioficina.com/2012/10/23/fiesta/">Continuar leyendo &#187;</a></p><img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=bienvenidoamioficina.com&#038;blog=25944689&#038;post=511&#038;subd=bienvenidoamioficina&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://bienvenidoamioficina.files.wordpress.com/2012/10/fuegos1.jpg"><img class="size-medium wp-image-526 alignleft" title="OLYMPUS DIGITAL CAMERA" alt="Fuegos artificiales" src="http://bienvenidoamioficina.files.wordpress.com/2012/10/fuegos1.jpg?w=300&#038;h=225" height="225" width="300" /></a>Una explosión cubre el <span style="font-style:normal;line-height:21px;">oscuro </span>cielo con tonos anaranjados. La segunda, más fuerte, emplea un celeste que recuerda al mar. Otra más, otra&#8230; Miles de espectadores rodean la carpa de asistencia sanitaria que las dos decenas de voluntarios allí reunidos hemos desplegado un par de horas antes, en caso de que la protección brindada por la patrona de la acogedora población serrana no sea suficiente. Para nosotros, <a href="http://www.cruzrojamadrid.org/que_hacemos/socorros_y_emergencias/servicios_preventivos/" target="_blank">servicios preventivos</a> como este suponen la oportunidad de saludar y bromear con los compañeros que vemos cada mucho tiempo, dado que las guardias habituales son de apenas tres o cuatro personas. Una sobrecogedora detonación cierra el espectáculo pirotécnico, dando paso a la ronda de aplausos y marcando el comienzo de la recogida del dispositivo.</p>
<p>Es difícil hacerme el loco cuando el coordinador solicita un conductor para devolver a la central la ambulancia de préstamo: soy de los pocos que se mueve en transporte público y vive en la capital. De súbito, la agradable brisa del fin del verano trae a mi mente una idea. <em>¿Guardia esta noche?</em> Antes de alcanzar la decena de propuestas, ya he conseguido reclutar un colaborador de otra base y otros dos compañeros recientemente incorporados, ansiosos de experiencia. Pronto iban a comprobar que el mito de que las ambulancias de refuerzo son más movidas tiene parte de verdad.<span id="more-511"></span></p>
<p>Antes de nada he de hacer acto de presencia<span style="font-style:normal;line-height:21px;"> </span><span style="font-style:normal;line-height:21px;">en un chalet cercano, </span>donde se celebra una concurrida reunión familiar. Según lo esperado, me recibe una cascada de chascarrillos acerca de la veracidad de mi excusa, pero apenas he terminado la ronda de saludos cuando un tono de sirena destaca sobre el bullicio. <em>Es la señal, me tengo que marchar</em>, explico. No puedo evitar una media sonrisa al tiempo que acelero al paso camino del vehículo.</p>
<p><em>¿Qué tenemos?</em> inquiero al tiempo que hago aumentar el rumor del motor, acompañado por el zumbido de la barra de luces rotativas. <em>Es un accidente de tráfico, no hay más datos</em>. La incertidumbre es siempre la norma en los momentos previos, pero en los &#8220;tráficos&#8221; aún más. En el lugar del accidente quizá un par de conductores rellenen un parte amistoso, pero también es posible que una familia agote su energía enjaulados en los restos de su propio vehículo. <em>Tardaremos lo menos posible en averiguarlo,</em> digo para mis adentros al tiempo que cruzo las rotondas de salida de la localidad retirando el pie del acelerador sólo lo imprescindible.</p>
<p>La combinación de las ráfagas de luz con las anaranjadas luces giratorias genera un baile fugaz en los árboles que rodean la amplia carretera. Circulamos prácticamente en solitario, y prescindir de la sirena resalta el agudo silbido del turbocompresor al extraer cada caballo del gasóleo. Conocer al dedillo la respuesta en cada curva permite acercar la velocidad a los límites de la física, pero teniendo siempre presente riesgos ajenos como un conductor ebrio o un animal suelto; no podemos permitirnos no llegar. Pocos kilómetros más adelante, una nube de destellos multicolor anuncia la presencia de otros servicios en el accidente.</p>
<p>A un lado de la carretera, un guardia civil conduce<span style="font-style:normal;line-height:21px;"> </span><span style="font-style:normal;line-height:21px;">hacia su furgón</span> a cuatro engalanados veinteañeros que tratan de explicarle lo sucedido. El rugido de los compresores dirige mi mirada hacia el pesado camión de salvamento, pero sin localizar el supuesto coche accidentado. Rodeando el ruidoso vehículo, descubro que la luz arrojada por los focos de su mástil baña la vegetación que cubre la rotonda, creando una suerte de improvisado escenario teatral. En su centro, un equipo de bomberos se arremolina al lado de un destrozado utilitario que ahora descansa sobre su techo. Tras repartirnos aprendices y tareas, el responsable del mi equipo se dirige al coche mientras yo me encargo de recibir la información del agente. <em>Cuatro leves -</em>retransmito al reencontrarnos instantes después- <em>¿Y allí?</em> <em>Sólo <a href="http://www.madrid.org/cs/Satellite?c=CM_InfPractica_FA&amp;cid=1109168021951&amp;language=es&amp;pagename=ComunidadMadrid%2FEstructura" target="_blank">bomberos</a> con una reanimación</em>, relata con sorprendente calma, transmitiendo la sensación de que poco queda por hacer. <em>¡Cambiamos!</em> exclamo camino de nuestra unidad, <em>voy yo al coche.</em></p>
<p>Es cierto que la formación en emergencias sanitarias de los bomberos ha avanzado enormemente durante los últimos años. Lo sé porque a veces <span style="font-style:normal;line-height:21px;">somos nosotros los encargados de impartirla,</span> tanto en su preparación a la oposición como durante la academia. No obstante, estoy seguro de que este paciente se puede beneficiar de los medios y la experiencia de un equipo sanitario. <em>Central, cinco pacientes, cuatro leves y uno crítico en reanimación; necesitamos otra ambulancia y una <a href="http://www.teinteresa.es/Microsites/Pregunta_al_medico/Emergencias/UVI-movil-diferencia-ambulancia-cnvencional_0_794321233.html" target="_blank">UVI-móvil</a></em>. El micrófono de la emisora cae sobre el salpicadero mientras <span style="font-style:normal;line-height:21px;">apresuradamente</span> hago acopio del material.</p>
<p>Al tiempo que <span style="font-style:normal;line-height:21px;">animo a los bomberos a no detenerse, </span>coloco un collarín a un cuerpo inerte que difícilmente aparenta alcanzar la veintena. Informan de que apenas unos minutos atrás lo encontraron fuera del coche y comenzaron las maniobras. <em>Acaba de vomitar, </em><em>eso es bueno ¿verdad?</em> inquiere uno de ellos demandando algo de esperanza. Mi respuesta le devuelve a la dura realidad: <em>depende&#8230; si no hay otros signos de vida es probable que el aire no esté entrando a los pulmones, desviándose hacia el estómago y llenandolo hasta que éste expulsa bruscamente su contenido</em>. Empecemos por ahí: <span style="font-style:normal;line-height:21px;">el motor del sistema de aspiración se esfuerza en hacerse con el</span> líquido difícilmente identificable que rebosa por su garganta, mientras continúa el masaje cardíaco. <em>Muy difícil</em>, pienso en voz alta. Segundos después, recolocamos la cánula que facilita el paso del oxígeno e intentamos de nuevo introducirlo en sus pulmones, manteniendo una presión en su nuez que cierra el paso desde el estómago; parece que el balón de resucitación se deja comprimir con algo más de facilidad. Pasados un par de minutos, una rápida ojeada al <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Pulsioximetr%C3%ADa" target="_blank">indicador</a> me confirma que la sangre que impulsamos transporta algo de oxígeno. ¿Donde andará esa UVI?</p>
<p><em>¡Y treinta!</em> Tras el aviso del fin de la serie de compresiones torácicas, sello con la mano izquierda la mascarilla sobre el rostro y aprieto con la derecha el balón de goma. El pecho se eleva, pero el músculo cardíaco no muestra el menor signo de actividad. Durante la segunda insuflación levanto la mirada hacia los destellantes ámbar de un pequeño vehiculo que se dirige a toda velocidad hacia nuestra posición. Cuando lo reconozco como uno de los coches de atención domiciliaria, desciende apresuradamente de él un equipo de tres personas, pues <span style="font-style:normal;line-height:21px;">además del médico y técnico habituales </span>acuden a avisos graves con enfermero y material avanzado prestados del centro de urgencias. El azar querría que pasado un tiempo lo conociera de primera mano al estar asignado durante más de dos años en aquella misma unidad.</p>
<p><em>¿Un ocho?</em> El médico asiente. Mientras preparo un <a href="http://anestesiar.org/2012/descripcion-de-los-tubos-endotraqueales/" target="_blank">tubo</a> de aquel tamaño con el que intentará aislar las vías respiratorias del joven, él se tumba sobre la hierba seca para poder observar su maniobra. <em>Parece complicado</em>, advierto mientras me cubro los ojos con las gafas de protección ante salpicaduras, recordando todo lo que se encontraba en la garganta del paciente minutos antes. Al introducir el instrumento metálico, un súbito espasmo impregna nuestros rostros con un incómodo moteado rojizo, y <span style="font-style:normal;line-height:21px;">el equipo</span><span style="font-style:normal;line-height:21px;"> médico parece preguntarse si aquella</span> demostración de riesgos laborales estaba ensayada antes de volver a intentar la técnica, ya con el rostro protegido. Tras un <span style="font-style:normal;line-height:21px;">fallido </span>tercer intento reconocen la enorme dificultad de la maniobra en aquellas circunstancias, por lo que la eterna espera a la UVI-móvil continúa. Al menos el enfermero ha conseguido canalizar dos estrechos accesos venosos, pero eso no hará que nuestro paciente se recupere.</p>
<p>Tras un interminable cuarto de hora, el esperado equipo hace acto de presencia. <em>Disculpad el retraso</em> -son las primeras palabras del doctor que lo lidera-<em> venimos del Real</em>. <em>Al menos hay tres unidades mucho más cerca</em>, no puedo evitar pensar, <em>debe ser una noche realmente dura para que estén todas ocupadas</em>. Pese a contar con otras <a href="http://anestesiar.org/2010/actualizaciones-en-la-mascarilla-laringea-para-intubacion-fastrach-en-los-ultimos-10-anos/" target="_blank">alternativas</a> menos complejas de ejecutar, el segundo médico decide repetir la maniobra. Afortunadamente para él y para nuestro paciente, en esta ocasión el extremo del tubo alcanza su destino, llenando los pulmones con el ansiado oxígeno.</p>
<p>Bip. Bip. Todas las miradas del equipo convergen en la línea de luz trazada por el monitor, que comienza a registrar actividad eléctrica en el<span style="font-style:normal;line-height:21px;"> hasta entonces inmóvil</span> corazón; dos dedos sobre el cuello y el médico confirma la buena noticia: <em>tiene pulso</em>. El equipo de bomberos no puede reprimir el júbilo tras el resultado del intenso esfuerzo, pero los rostros de todos los sanitarios reflejan que hemos presenciado demasiadas situaciones similares con final amargo como para contagiarnos.</p>
<p>Al introducir la camilla con el paciente crítico en la UVI, escucho tras de mí una voz familiar: <em>Estamos aquí ¿Cómo lo organizamos?</em> La ambulancia titular de nuestra base acaba de llegar, por lo que sólo resta iniciar el camino hacia el hospital. Ya al volante,<span style="font-style:normal;line-height:21px;"> </span><span style="font-style:normal;line-height:21px;">uno de los dos pacientes </span><span style="font-style:normal;line-height:21px;">-dos leves más viajan en la otra ambulancia-</span><span style="font-style:normal;line-height:21px;"> </span>se dirige a mi a través del ventanuco: <em>¡Con cuidado, eh! Que ya hemos tenido el susto de hoy&#8230;</em> Una sonora carcajada resuena en la cabina asistencial como producto a su brillante ocurrencia. Inspirando profundamente, contemplo la sangre de su amigo que todavía mancha parte de mi uniforme y piso suavemente el acelerador alegrándome de no estar al otro lado del tabique, donde el jolgorio continúa.</p>
<p>En la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Triaje" target="_blank">clasificación</a> de pacientes del hospital, la doctora se sobresalta ante la fila de heridos que traemos <em>¿Han derivado a los cuatro aquí? Bueno, son leves y el hospital de al lado está con la parada recuperada,</em> explicamos. Ella asiente al mismo tiempo que pulsa el timbre de emergencias. <em>Son de un accidente fuerte</em> -se justifica mientras entramos en la sala de reanimación- <em>hay que asegurarse rápidamente de que ninguno tiene nada grave</em>. Un trío de médicos y otras tantas enfermeras abandonan al punto sus tareas en la sala aneja y cruzan el pasillo que nos separa. El destello en la mirada de una de ellas confirma que agradece sorprendida mi presencia: <em>no te alegres mucho</em>, susurro cuando pasa por mi lado. Instantes después, todos los profesionales se afanan en la primera valoración a los heridos, por lo que un breve roce de manos y una casi inaudible despedida harán las veces del contacto acostumbrado.</p>
<p>Con el singular grupo ya en buenas manos, tomamos el camino de la base cuando un temblor desde el bolsillo me sobresalta. Al otro lado del aparato, una voz femenina exclama: <em>¡Se han escapado! Es judicial, tendremos que reportar la fuga al jefe de guardia y a la Policía</em>. Resoplo. <em>Vamos a dar una vuelta</em> -respondo tratando de resultar constructivo- <em>pero aunque les encontráramos no creo que pudiéramos hacer que volvieran. ¡Mierda! Tampoco podíais evitarlo, mañana me cuentas más</em>.</p>
<p>Las desiertas aceras que rodean el hospital no muestran rastro de los chavales, que probablemente han continuado su noche de particular juerga. Antes de acceder a la autovía detenemos las dos ambulancias en las urgencias del otro gran hospital. Allí, un equipo de UVI móvil recoge con pesadumbre. <em>No ha podido ser.</em> Es la respuesta a nuestra pregunta: el corazón del chaval se detuvo durante la transferencia y, a diferencia de lo que ocurrió en la escena y durante el camino, en aquella ocasión no volvió a latir ni siquiera con la ayuda de los medios hospitalarios.</p>
<p>Esa noche, las nuevas incorporaciones aprenden que en ocasiones todo no es suficiente. Que las situaciones no siempre tienen sentido. Y que, aunque el aviso flote en el ambiente durante el silencioso trayecto de vuelta, no podemos olvidarnos de cambiar las botellas de oxígeno vacías. Porque nunca se sabe lo que nos espera.</p>
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		<title>Impresiones</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Jul 2012 17:01:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>emilio</dc:creator>
				<category><![CDATA[UVI móvil]]></category>
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		<description><![CDATA[Alcanzado el mediodía, apenas hemos realizado tres sencillos avisos desde el comienzo de la guardia. La UVI móvil está completamente &#8230;<p><a href="http://bienvenidoamioficina.com/2012/07/27/impresiones/">Continuar leyendo &#187;</a></p><img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=bienvenidoamioficina.com&#038;blog=25944689&#038;post=473&#038;subd=bienvenidoamioficina&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://bienvenidoamioficina.files.wordpress.com/2012/07/impresiones.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-481" title="Impresiones" src="http://bienvenidoamioficina.files.wordpress.com/2012/07/impresiones.jpg?w=300&#038;h=225" alt="Impresiones" width="300" height="225" /></a>Alcanzado el mediodía, apenas hemos realizado tres sencillos avisos desde el comienzo de la guardia. La UVI móvil está completamente revisada, su material repuesto, y no hay ninguna avería que Heihachi -el segundo técnico de a bordo- y yo podamos reparar, como es nuestra costumbre. Plenamente consciente de lo sencillo que resulta invocar a los dioses de la emergencia, me sitúo en el centro de la sala de descanso y enuncio en voz alta las palabras mágicas: <em>Qué guardia más tranquila</em>. Maestro separa la vista del diario mientras lanza al aire su queja: <em>joé, casi tenía el sudoku.</em></p>
<p>De acuerdo a lo previsto, un minuto después el móvil de los avisos reclama nuestra atención timbrando y revolviéndose sobre la mesa del estar, provocando que Enformera me lance una mirada de desaprobación. Una media sonrisa escapa de mis labios al replicar: <em>así Ángela aprovecha la guardia&#8230;</em> La joven estudiante de enfermeria tuerce el gesto al verse involucrada, pues pese a que sólo nos conocemos desde hace unas horas, sospecha acertadamente que es el deseo de acción lo que me verdaderamente me mueve.<span id="more-473"></span></p>
<p>Varios años manejando de continuo el mismo modelo de furgón hacen que conozca sus reacciones casi al milímetro, lo que, unido a la minuciosa revisión efecuada, permite frenar un poco más tarde, girar un poco más rápido, acelerar con más decisión; siempre que se conserve intacto el margen de seguridad, los segundos ganados al tráfico son mi trofeo. No en todos los avisos está en juego la vida del paciente -afortunadamente para ellos y para nuestra salud mental- pero en todos hay al menos una persona que pide ayuda, que desea con vehemencia que ya estemos ahí. Maestro prescinde de sus habituales bromas al presentar el aviso: <em>dicen que es una hemorragia grave. No sé bien por qué pero no tiene buena pinta.</em></p>
<p><em>¡Está en la cocina!</em> exclama un joven mientras atravesamos el portal de la vivienda, tratando de no derribar con nuestra utillería los numerosos efectos decorativos del recibidor.<br />
Algo bloquea la puerta, permitiendo tan solo un pequeño ángulo a través del que nos retorcemos para acceder, descubriendo en el interior un manto de denso líquido grana que cubre casi por completo el piso de gres. El cuerpo inerte de una mujer mayor yace contra la puerta cosido a puñaladas, probablemente producidas por un enorme cuchillo de cocina que descansa junto a ella. Maestro, apoyándose en la encimera, trata de salvar el mar de sangre para alcanzar la cabeza de la víctima. Heihachi hace el gesto de acompañarle para comenzar la reanimación, pero me veo obligado a frenarle. Desde el otro lado, Maestro posa sus dedos sobre el cuello manchado, y con la vista fijada en el pecho inmóvil, sacude suavemente la cabeza de lado a lado. No hay nada que hacer.</p>
<p><span style="font-style:normal;line-height:21px;"><span style="font-style:normal;line-height:21px;">Aunque resulte difícil, en ocasiones como esta en las que la fatalidad del desenlace resulta probable, es necesario contener la adrenalina unos segundos. Iniciar las maniobras de resucitación en un paciente sin opciones de supervivencia alteraría la escena del suceso, complicando la investigación policial posterior, lo que supondría mayores molestias, si cabe, a la familia. </span>Alrededor del cuerpo sin vida se encuentran varias piezas de carne sin cocinar, lo que añade un aspecto exageradamente siniestro a la ya desagradable escena. Quizá fuera ese el objetivo primero del cuchillo, y la idea de lesionarse a sí misma sobrevino de forma súbita pero irrefrenable.</span></p>
<p>Hijos y nietos, ahora reunidos en el salón, recomponen la situación -tratando de no descomponerse ellos- para articular la breve historia que figurará en el informe clínico. Llevaba tan sólo unos minutos sola en la cocina, cuando un miembro de la familia entró y descubrió el dramático escenario. Pese a la enfermedad psiquiátrica que la atenazaba desde hace varios años, nadie esperaba algo tan súbito. Al tiempo que maestro completa la documentación necesaria, Ángela aprende que en ocasiones el verdadero trabajo comienza tras el fallecimiento: la pesada sombra de la culpabilidad no debe recaer sobre nadie, pues podría provocar tensiones insoportables más adelante. Asimismo, debemos confirmar que cuentan con la ayuda profesional que les permitirá afrontar un duelo tan duro a largo plazo.</p>
<p>Ahora debemos buscar el momento y el interlocutor adecuado para detallar el incómodo protocolo: resulta imposible certificar un fallecimiento inesperado y del que no se pueden corroborar las circunstancias, por lo que tendrá que ser la comisión judicial la responsable final del procedimiento. La Policía custodiará el cadáver y, dada la violencia del suceso, puede que requieran un equipo de investigación, sin que ésto suponga sospecha en forma alguna.</p>
<p>Una vez transmitido el relato a los agentes, descendemos apesadumbrados la escalera. Sin intercambiar palabra emitimos el mensaje automatizado de fin de intervención, y es Maestro el que se encarga de quebrar el tenso silencio con la propuesta de acudir al comedor del hospital. Ninguno sentimos la necesidad, pero tampoco somos nuevos en esto y sabemos que el almuerzo lo determina la actividad y no el deseo, o de lo contrario podemos encontrarnos al final de la tarde con un hambre espantosa por no haber hecho lo propio unas horas antes.</p>
<p>El timbre interrumpe la tercera cucharada del primer plato, conformando en los rostros de todo el equipo una agria mueca de desagrado. Con un rápido movimiento, preciso tras haberlo practicado cien veces, divido longitudinalmente el panecillo e introduzco el filete de pollo, construyendo un segundo plato a engullir camino del vehículo. La mano izquierda de maestro nos indica calma, mientras la derecha sujeta el teléfono móvil mediante el que conversa con la central: <em>¿Qué ocurre ahí?</em> -separa el micrófono unos centímetros- <em>hay que volver al domicilio anterior; no hay más heridos, pero parece que la Policía requiere nuestra presencia</em>. <em>Espera</em> -me espeta mientras me incorporo de la silla del comedor- <em>no saldremos hasta que hayamos comido</em>. Tras varios años juntos, sabe que no soy tan fácil de convencer: <em>bajo mi responsabilidad</em>, apostilla, por lo que vuelvo a tomar asiento.</p>
<p>Apenas veinte minutos después, ascendemos de nuevo las escaleras. En el rellano, un hombre jovial, con un rostro cubierto de pecas y coronado por una mata de <span style="font-style:normal;line-height:21px;">ensortijado </span>pelo <span style="font-style:normal;line-height:21px;">rojizo</span>, exclama al vernos:<em> ¡Qué pronto! No hacía falta, no era tan urgente</em>&#8230; Maestro me dirige una simpática mirada. Uno a cero; está claro que es el responsable del equipo no sólo porque figure en la normativa. Mientras se asegura de entornar la puerta de entrada para aislar a la familia, nuestro interlocutor se identifica como el Subinspector de homicidios.</p>
<p><em>No hay ningún problema, simplemente necesitaba cotejar vuestras huellas con las del suceso, para excluir cualquier otra participación. Veo que calzáis botas de trabajo, que se corresponden con la misma huella en diferentes tamaños, pero hay otra diferente, hecha como de bolitas&#8230;</em> Inmediatamente dirigimos la mirada hacia las modernas deportivas que <span style="font-style:normal;line-height:21px;">viste </span>Ángela. Al percatarse, ella apoya una puntera quedando al descubierto la suela, cubierta de goma con forma de innumerables cabezas de tachuela. El Subinspector retrasa los hombros al tiempo que alarga su brazo hacia ella, quedando en el extremo un dedo acusador. Su exclamación se acompaña de un tono de sorpresa:<em> ¡Fuiste tú!</em></p>
<p>La piel de nuestra compañera de hoy se torna pálida. Su respiración cesa, mientras el resto de los componentes del equipo cruzamos miradas preguntándonos si acabará como paciente. De inmediato, el acusador se relaja y, entre risas, rodea con su brazo los hombros de la alumna: ¡Era broma! ¡Todo resuelto!</p>
<p>Ángela no consigue deshacerse de la mirada circunspecta mientras desciende los mismos escalones por segunda vez en la mañana<em> ¿Esto se lo haceis a todos? Sólo a los buenos</em>, replica divertida Enformera. <em>Supongo</em> -continúa su supervisora, más en serio- <em>que su necesidad de no llevarse a casa tantas situaciones estresantes genera mecanismos de defensa así de curiosos</em>. Tras deslizar la pesada puerta corredera sobre el lateral de la ambulancia, Ángela entra de un salto en la cabina asistencial y se acomoda en uno de lo asientos. <em>Lo que digáis, pero creo que me está sentando mal la comida&#8230;</em></p>
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		<title>Ausencia</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Apr 2012 16:38:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>emilio</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Con un movimiento totalmente mecánico, mis dedos activan de forma autónoma el interruptor de los destellantes. En respuesta, los laterales &#8230;<p><a href="http://bienvenidoamioficina.com/2012/04/16/ausencia/">Continuar leyendo &#187;</a></p><img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=bienvenidoamioficina.com&#038;blog=25944689&#038;post=459&#038;subd=bienvenidoamioficina&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://bienvenidoamioficina.files.wordpress.com/2012/04/metro.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-466" title="Metro" src="http://bienvenidoamioficina.files.wordpress.com/2012/04/metro.jpg?w=300&#038;h=225" alt="Metro" width="300" height="225" /></a>Con un movimiento totalmente mecánico, mis dedos activan de forma autónoma el interruptor de los destellantes. En respuesta, los laterales del pasadizo de acceso a las urgencias del hospital refulgen en color ámbar hasta que emergemos a la noche. La dirección recién recitada por la operadora a través de la emisora, que Martes acaba de anotar diligentemente en el registro de avisos, corresponde a la bocacalle de una gran avenida de nuestra zona habitual de trabajo, por lo que ni siquiera consultamos el callejero; son las ventajas de llevar varios meses trabajando a un ritmo de veintipico avisos por noche. <em>¿Qué tenemos ahí?</em> inquiere mi compañero. <em>Un paciente psiquiátrico que quiere ingresar</em>, responde la voz entre el chisporroteo analógico del sistema de comunicaciones.</p>
<p>Es habitual recibir cada noche al menos un aviso de estas características. Pacientes ya diagnosticados que, dudando de su capacidad para afrontar las horas venideras, solicitan ser trasladados al único recurso especializado disponible: las urgencias hospitalarias. Por un lado nos resulta ciertamente frustrante no poder hacer nada más por ellos que un mero servicio de taxi, pero por otro la sencillez y la rapidez con la que habitualmente se resuelven juegan a nuestro favor. <em>Genial</em> -comenta Martes- <em>con algo de suerte aligeramos la cola de pendientes</em>.<span id="more-459"></span></p>
<p>Un portal antiguo y de aspecto algo descuidado da la bienvenida a una construcción unifamiliar aparentemente anacrónica para la gran ciudad. El amarillento botón circular del timbre provoca un zumbido <span style="font-style:normal;line-height:21px;">agrio</span>, seguido por unos segundos de silencio. <em>Está abierto</em>, informa una voz femenina desde el interior. Una leve presión sobre la puerta desencadena, en efecto, un chirrido con el que ésta se desplaza hacia un oscuro recibidor. Desvanecido el gemido, la voz nos invita de nuevo a acceder. El vestíbulo desemboca en un angosto pasillo, iluminado tristemente por una pequeña lámpara que, visiblemente <span style="font-style:normal;line-height:21px;">descuadrada,</span> cuelga sobre la pared izquierda. Por toda decoración, un baúl propio de un anticuario descansa cubriendo el recodo en el extremo del corredor.</p>
<p>Finalmente el origen de la voz se revela como una desaliñada mujer que podría rondar la treintena, vestida con un amplio pantalón de chandal gris y una holgada camiseta, aparentando haber salido recientemente de la cama. Caminando desde cada extremo, nos encontramos a mitad del pasillo. <em>¿Ha llamado a una ambulancia? Sí, es para mí. Bien&#8230; ¿Qué le ocurre? Acabo de ver a Padre ¿Habéis discutido, algún disgusto? No, en realidad no hemos llegado a hablar ¿Entonces? Es que&#8230; Padre lleva fallecido cinco años</em>.</p>
<p>Martes no necesita expresarse en voz alta, pues su gesto transmite algo como <em>Eso te pasa por preguntar</em>. <em>Bueno&#8230;</em> -comienzo de nuevo- <em>¿Te parece bien que te acompañemos al hospital? Allí, el psiquiatra de guardia te examinará y te ajustará el tratamiento para que te encuentres mejor</em>. Una lánguida respuesta afirmativa provoca que los tres iniciemos el camino hacia el portal. Apenas media docena de pasos después, ella se detiene bruscamente y gira la cabeza en dirección al vetusto baúl. <em>¿Lo veis?</em> pregunta con inquietud. <em>Está allí, junto a la esquina, al fondo del pasillo</em>. Su tono de voz y su mirada revelan que la presencia de aquel hombre le resulta tan tangible como la nuestra.</p>
<p>Mi respiración cesa involuntariamente cuando vislumbro, al final del corredor, una sombra que parece entrelazarse consigo misma, conformando sobre la penumbra la parte superior de un torso, del que nace un cuello con su correspondiente testa. Arrancando mi mirada del hipnótico dibujo antes de que se complete, me dirijo a un Martes también absorto en la supuesta imagen: <em>Nos vamos ya ¿no? Sí, sí, claro</em>, confirma sacudiendo la cabeza.</p>
<p>La dirección de nuestra empresa no permite que acompañemos a los pacientes durante el trayecto hacia el hospital -alegan que no es el modelo de ambulancia adecuado-, por lo que, salvo los casos excepcionalmente graves en los que Martes asume la responsabilidad de contradecir las órdenes, durante los viajes de retorno él me acompaña en la cabina de conducción. <em>Es impresionante el poder de la mente</em>, comento. <em>Será todo lo &#8220;mental&#8221; que quieras pero casi tengo que cambiarte el pañal a mitad del pasillo</em>. No puedo evitar una sonrisa al replicar <em>Hablas como si tú no lo hubieras visto&#8230; Tan claro como tú, por eso tenía esa cara</em>.</p>
<p>En algunas ocasiones es necesario un gran esfuerzo para empatizar con un paciente; en ésta, la sintonía simplemente ocurrió.</p>
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		<title>Justicia</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Mar 2012 00:39:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>emilio</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Un simpático hormigueo juguetea con mi muslo derecho al tiempo que la realidad me envuelve con suavidad. Los párpados se &#8230;<p><a href="http://bienvenidoamioficina.com/2012/03/23/justicia/">Continuar leyendo &#187;</a></p><img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=bienvenidoamioficina.com&#038;blog=25944689&#038;post=440&#038;subd=bienvenidoamioficina&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://bienvenidoamioficina.files.wordpress.com/2012/03/justicia.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-448" title="Justicia" src="http://bienvenidoamioficina.files.wordpress.com/2012/03/justicia.jpg?w=300&#038;h=225" alt="Justicia" width="300" height="225" /></a>Un simpático hormigueo juguetea con mi muslo derecho al tiempo que la realidad me envuelve con suavidad. Los párpados se separan poco a poco, y a su través aprecio un gris polígono industrial que cruza fugaz la ventanilla del autobús. Espero que estos minutos de sueño imprevisto me ayuden a espabilarme en las horas de clase que me esperan. El leve temblor cesa por unos momentos, pero se reanuda tenazmente pocos segundos después&#8230; <em>qué gracioso</em>, pienso mientras mi mente se deshace de la pereza, atravesando lentamente la tierra de nadie camino de la vigilia.</p>
<p>La interminable sucesión de cifras en la pantalla del vibrante teléfono móvil me hace sospechar que se trata de una centralita, es decir, del trabajo. Tras un <em>¿Sí?</em> un tanto desganado -pues no recuerdo una llamada con buenas noticias por su parte- me informan de que he sido citado como testigo a un juicio por un homicidio <a title="Fuego amigo" href="http://bienvenidoamioficina.wordpress.com/2012/03/21/fuego-amigo/" target="_blank"><span style="text-decoration:underline;">en el que intervinimos meses atrás</span></a>. Vaya, en apariencia las heridas resultaron mortales y no supero la operación.<em> También está convocado el segundo técnico de la dotación&#8230; ¿Recuerdas quién era?</em> inquiere mi interlocutora. <em>Francamente, no; su rotación es diferente y frecuentemente son eventuales; consulta cualquiera de los registros: el de recursos humanos, el de la central o el del vehículo</em>, respondo. <em>Ya&#8230; es que se han perdido. ¿Los tres? Recuérdame que nunca os deje nada para que lo vigiléis.<span id="more-440"></span></em></p>
<p style="text-align:center;">*  *  *  *  *</p>
<p>Una semana después, Eva, Carol y yo ascendemos la escaleras de los juzgados con cierta pesadez, pues todos estamos empleando nuestra mañana libre en una asunto laboral no reconocido como tal. Por si fuera poco, todavía conservo el amargo recuerdo de la incertidumbre previa a <a title="Alcance" href="http://bienvenidoamioficina.wordpress.com/2011/11/05/alcance/" target="_blank">mi último paso por estas dependencias</a>. En el interior del edificio encontramos al equipo del V.I.R. que también atendió el aviso charlando animadamente con el Director, al que confesamos algo avergonzados que ninguno identificábamos su presencia en aquella intervención. Caminando desde el fondo del pasillo, una pareja de agentes que custodia a una joven de gesto orgulloso y muñecas engrilletadas cruza frente a nosotros y la introduce en la sala. Algo me resulta familiar en el rostro de la detenida&#8230; cruzo una mirada con los compañeros, confirmando que comparten la impresión. De súbito, la voz de Carol resuelve el enigma con una contenida exclamación: <em>¡Es ella!</em></p>
<p>Aquella joven que lloraba y se lamentaba a voz en grito al ver a su pareja perdiendo la vida a chorros había disparado un arma de fuego contra él pocos minutos antes. No deben existir dudas al respecto pues, como poco después descubrimos, la defensa trata de rebajar la pena alegando que la causa de la muerte fue la inacción de los policías que intervinieron en primer lugar y no los disparos efectuados; desde nuestro inexperto punto de vista, lo inverosímil de la argumentación la sitúa decididamente como culpable.</p>
<p>Aprovechamos la espera durante la vista oral para ponernos mutuamente al día, pero dado que apenas hace un par de jornadas que hemos compartido un turno de trabajo, las novedades se agotan; pasamos a comentar la extraña impronta del suceso que ahora se<br />
juzga, en el que trabajamos con la homicida tan cerca de la víctima como de nosotros. Transcurridas un par de horas, la voz de un funcionario desde la puerta enuncia el nombre completo de Eva, la médico. Una vez finalizada su intervención diez minutos después, los integrantes del resto del equipo accedemos individualmente a la sala, en la que enmarcado por un silencio solemne cada trabajador relata lo que aconteció según su recuerdo. Realmente nuestro sucinto testimonio no aporta demasiada información desconocida, lo que acrecienta la impresión de haber invertido las horas en vano.</p>
<p>Carol es la última en ser requerida, pero todos aguardamos en el pasillo a que complete su declaración cual familia bien avenida. Apenas un minuto después de su entrada, la puerta que da acceso a la sala se abre: nuestras miradas de sorpresa, dada la aparente brevedad de su exposición, encuentran en ella un gesto de profundo desaire que no trata de disimular <em>¿Tan pronto? ¿Qué ha pasado?</em> inquirimos con curiosidad: <em>¡Toda la mañana perdida para esto! Al entrar, me han dicho que no tenían preguntas que hacerme y que me podía marchar; me ha faltado un pelo para exclamar ante el auditorio &#8220;yo sé lo que ocurrió de verdad, y no es lo que ustedes creen&#8221;, y salir inmediatamente de la sala dando un portaz</em>o. Nuestras carcajadas inundan el corredor, pues conocemos bien el carácter resuelto de Carol: realmente ha estado cerca de armar el escándalo del día en ante el tribunal. Quizá, considerando el carácter familiar de la mañana, no debamos darla completamente por perdida.</p>
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<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/bienvenidoamioficina.wordpress.com/440/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/bienvenidoamioficina.wordpress.com/440/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=bienvenidoamioficina.com&#038;blog=25944689&#038;post=440&#038;subd=bienvenidoamioficina&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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	</item>
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		<title>Fuego amigo</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Mar 2012 00:17:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>emilio</dc:creator>
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		<category><![CDATA[cirugía]]></category>
		<category><![CDATA[director]]></category>
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		<category><![CDATA[Policía Nacional]]></category>
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		<description><![CDATA[&#8220;Tratamiento: no precisa. Acudir a atención primaria si repite el episodio&#8221;. Al tiempo que el bolígrafo de Eva vuela sobre &#8230;<p><a href="http://bienvenidoamioficina.com/2012/03/21/fuego-amigo/">Continuar leyendo &#187;</a></p><img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=bienvenidoamioficina.com&#038;blog=25944689&#038;post=438&#038;subd=bienvenidoamioficina&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://bienvenidoamioficina.files.wordpress.com/2012/03/lucesazules.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-444" title="LucesAzules" src="http://bienvenidoamioficina.files.wordpress.com/2012/03/lucesazules.jpg?w=300&#038;h=186" alt="Luces Azules" width="300" height="186" /></a>&#8220;Tratamiento: no precisa. Acudir a atención primaria si repite el episodio&#8221;. Al tiempo que el bolígrafo de Eva vuela sobre un informe médico dejando un descriptivo rastro de exploraciones, la sosegada pero firme voz de Carol instruye a la joven paciente sobre cómo plantar cara a la angustia si la atenaza de nuevo. De súbito, un inesperado timbre de teléfono móvil interrumpe ambas tareas; apartando por un segundo la vista de la hoja, la doctora se sonríe al leer &#8220;Los Cansinos&#8221; en la pantalla que ahora destella, pues ya ha olvidado que alguien en un turno anterior sustituyó el nombre de contacto habitual de la central por otro algo más cómico. Pero por muy <em>cansinos</em> que sean, no es frecuente que nos interrumpan mientras estamos realizando un aviso.</p>
<p><em>¿Os queda mucho ahí? No, estamos terminando. Tenemos disparos en una vivienda de la Avenida Sur ¿Podéis haceros cargo?. Claro</em>, confirma Eva, al tiempo que arranca la hoja autocopiativa, ya completada, para despedimos con premura de la paciente y de su familia. Mientras emprendemos la ruta por el itinerario óptimo, dibujado segundos antes en la mente de Director -el conductor de esta tarde- contactamos de nuevo con la central. <em>¿Sabemos algo más? No mucho, hay heridos pero se desconoce el número, también se dirige al lugar un <a title="VIR" href="http://www.madrid.org/cs/Satellite?cid=1147762162766&amp;language=es&amp;pagename=SUMMA112%2FPage%2FS112_pintarContenidoFinal" target="_blank">Vehículo de Intervención Rápida</a>.</em> Al ritmo de las sacudidas del viaje, preparo en la cabina asistencial varios sueros intravenosos previamente calentados para ahorrar algo de tiempo: llegar al hospital unos segundos antes puede ser decisivo para un herido por arma de fuego.<span id="more-438"></span></p>
<p>Dos grupos de destellos azulados destacan frente al portal; los coches patrulla están vacíos, sus ocupantes deben de haberse introducido ya en la vivienda. Para nuestra tranquilidad, dos rugidos de motor de gasoil que se transforman en chirridos de neumáticos anuncian la llegada de otros dos vehículos policiales mientras descendemos de la ambulancia. Lo primero es lo primero: en el portal del edificio nos reunimos con los agentes que acaban de llegar: <em>¿Es seguro subir?</em> A través de la emisora, los compañeros que ya se encuentran en el piso confirman que está despejado pero que todavía no tienen al tirador, y que hay un sólo herido muy grave. Al momento se incorpora el equipo del V.I.R., que se une a nosotros sin perder un segundo en la acelerada subida por las escaleras, rodeados por un cinturón policial.</p>
<p>Sobre el suelo del salón, uno de los agentes presiona el abdomen de un joven con objeto de cohibir una intensa hemorragia, mientras sus compañeros continúan inspeccionando nerviosamente cada rincón. Al ser relevado en su tarea, el policía se dedica a calmar a una chica presa de una incontrolable histeria: <em></em><em>¡Pero qué te han hecho!</em> <em>¡Qué te han hecho!</em> Confirmando nuestros peores pronósticos, la víctima no dispone de mucho tiempo: a pesar de la improvisada pero precisa coreografía ejecutada por ambos equipos de emergencias, el daño que sendos impactos de bala han hecho en su tórax y abdomen provoca que tan sólo un fino resto de vida le sujete a este mundo.</p>
<p>No podemos olvidar las limitaciones que impone el entorno: hay que elegir cuidadosamente los tratamientos a aplicar, pues demorar la cirugía que estamos activando telefónicamente resultaría fatal. Las técnicas imprescindibles se reducen a asegurar la vía respiratoria mediante un tubo traqueal, así como la respiración utilizando un parche que, a modo de válvula, impedirá que el pulmón afectado colapse. En lo referente al estado circulatorio, compresas estériles se esfuerzan en contener la marea rojiza que brota del abdomen mientras las enfermeras aseguran sendos accesos venosos en ambos antebrazos.</p>
<p>Al apreciar que las medidas esenciales están a punto de completarse, me incorporo y, retirando con decisión a la enormemente afectada pareja del herido, desciendo a saltos la escalera hasta la calle y escojo la herramienta que nos permitirá traer hasta aquí al paciente: la lona, una suerte de sábana plástica muy resistente con agarraderas laterales; nunca ha resultado de mi total confianza dado el escaso control que permite sobre el paciente -ya que éste queda envuelto, no sujeto- pero dada la necesaria rapidez y lo angosto del acceso parece la mejor opción. Preparo la camilla en el portal para recibir al paciente, y vuelvo al interior.</p>
<p>Tras una breve pero emotiva despedida de su joven compañera, cuidadosamente hacemos descender al paciente escaleras abajo. La lona no permite errores; un mínimo descontrol en la movilización echaría a perder gran parte del trabajo realizado y, desde luego, no ayudaría en absoluto al grave herido. Durante el trayecto al hospital la vibrante actividad no cesa en el habitáculo asistencial de la ambulancia: es necesario evaluar de continuo la situación para adelantarse a cualquier cambio, y al mismo tiempo asegurarse de que todos los electrodos, tubos, sondas y paños siguen en su lugar. A los pocos minutos nos encontramos, mediante movimientos ensayados, con el equipo hospitalario receptor de pacientes politraumatizados: cada uno conoce lo que ha de hacer y cuándo, de manera que se realicen todas y cada una de sus tareas en el mínimo tiempo. Un par de plantas más arriba, un equipo de expertos aprovecha los minutos previos para preparar la compleja intervención que les mantendrá en tensión durante toda la madrugada.</p>
<p>Cae la noche en nuestra base. Armados con agua oxigenada, desinfectante y la manguera del garaje, Director y yo nos afanamos en eliminar el rastro de la intervención que impregna tanto el material utilizado como el vehículo. En su interior, Eva y Carol contabilizan cuidadosamente el material empleado, para reponerlo y así encontrarnos de nuevo totalmente preparados. <em>¿Preguntaréis en el hospital por él?</em> formulo en voz alta sin dejar de frotar. <em>Lo intentaremos</em> -responde Carol mientras comprueba un cajetín- <em>pero sabes que es difícil conseguir información, por lo que probablemente nunca lleguemos a saber si sobrevivió</em>.</p>
<p>Probablemente&#8230;</p>
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<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/bienvenidoamioficina.wordpress.com/438/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/bienvenidoamioficina.wordpress.com/438/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=bienvenidoamioficina.com&#038;blog=25944689&#038;post=438&#038;subd=bienvenidoamioficina&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Visión en túnel</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Feb 2012 02:10:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>emilio</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Espero que esta mañana tengamos muchos avisos. Le entiendo perfectamente, cuando completé el período de aprendizaje y comencé a conducir &#8230;<p><a href="http://bienvenidoamioficina.com/2012/02/15/vision-en-tunel/">Continuar leyendo &#187;</a></p><img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=bienvenidoamioficina.com&#038;blog=25944689&#038;post=413&#038;subd=bienvenidoamioficina&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="http://bienvenidoamioficina.files.wordpress.com/2012/02/efectotunel.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-417" title="EfectoTunel" src="http://bienvenidoamioficina.files.wordpress.com/2012/02/efectotunel.jpg?w=300&#038;h=249" alt="EfectoTunel" width="300" height="249" /></a>Espero que esta mañana tengamos muchos avisos</em>. Le entiendo perfectamente, cuando completé el período de aprendizaje y comencé a conducir ambulancias yo también deseaba ponerme al volante una y otra vez para experimentar esas sensaciones tan características y practicar lo aprendido. No acaba de transcurrir la primera hora de guardia cuando surge una aviso que satisface a la perfección sus expectativas: tanto el trayecto desde la base hasta el lugar como desde allí hasta el hospital son aparentemente sencillos. Inmediatamente, el flamante conductor, otro compañero y yo salimos hacia el lugar con las luces de prioridad activadas.</p>
<p>El rugido del motor se torna más y más agudo, puesto que los cambios de marcha se producen a muchas revoluciones, cuando la electrónica interrumpe la inyección de gasóleo. Asumo mi papel de conductor-tutor: <em>durante los primeros minutos el motor todavía está frío, por lo que conviene circular en marchas más largas para no forzarlo</em>. Su respuesta, un lacónico &#8220;ya, ya&#8221; no llega a confirmarme que lo haya procesado. La pendiente de la autovía parece empujar con fuerza el vehículo, y la aguja del velocímetro comienza a entrar en una región peligrosa. <em>No es necesario ir tan rápido</em> -explico- <em>el aviso no parece grave, y aunque lo fuera necesitamos garantizar que llegaremos.</em> &#8220;Ya, ya&#8221;. La sensación de velocidad se acentúa al rebasar a un camión que circula por el carril derecho de la autovía. ¡Blam! De súbito, una enorme mano invisible parece sacudir lateralmente el furgón. <span id="more-413"></span></p>
<p><em>¿Qué pasa?</em> Mi pregunta sólo recibe como respuesta el rostro aterrorizado del compañero que conduce y el chirrido continuo de los neumáticos. Ahora la posición del vehículo es oblicua respecto a su trayectoria, de forma que mira hacia el arcén. <em>¡No puedo controlarlo!</em> exclama al tiempo que, a modo de demostración, gira el volante a uno y otro lado sin modificar la dirección del movimiento. En pocos segundos el vehículo volcará o se saldrá de la vía a gran velocidad. Trato de recordar algún escenario similar en circuitos de entrenamiento; espero que la técnica surta efecto, es nuestra única opción de salir enteros de esta.</p>
<p><em>Suelta los pedales y el volante</em>, ordeno con firmeza. <em>Pero</em>&#8230; parece objetar<em> ¡Quita las manos y los pies!</em> Alargo los brazos para, mediante el volante, hacer que la dirección de las ruedas delanteras se corresponda con la de avance, para inmediatamente indicar: <em>ahora, suave y progresivamente, acelerador</em>. La fuerza aparentemente divina ahora afianza los neumáticos delanteros sobre el asfalto, y un instante después el cese del agrio sonido nos confirma que lo peor ha pasado. <em>Frena muy suavemente y detente en el arcén.</em> Una vez allí, descendemos del vehículo y contemplamos las dos parejas de oscuros rastros que serpentean descendiendo la pendiente.</p>
<p>La goma de las cubiertas no parece haber sufrido daño alguno, previo ni posterior al incidente. <em>¿Seguimos?</em> Propongo mirando al tercer compañero; él permanece en silencio, su tez ha perdido todo color y no se ve capaz de murmurar una respuesta mientras su mirada se pierde. Al no estar a los mandos, es el único de la dotación que ha podido apreciar lo cerca que hemos estado de donde no se puede volver. Confiando en que su amplia experiencia le haga superarlo en poco tiempo y anotando mentalmente la necesidad del <em>debriefing</em> a la vuelta del aviso, reanudamos la marcha manteniendo al conductor, pues temo que si le aparto ahora de esa tarea adquiera un temor difícil de superar.</p>
<p><em>¿Sabes lo que ha ocurrido?</em> Él sacude negativamente la cabeza. <em>Al adelantar tan rápidamente al camión, que tiene un perfil mucho mayor que el nuestro, la racha de viento lateral se ha interrumpido y reanudado muy bruscamente, desplazando al furgón y provocando que los neumáticos perdieran la adherencia. Debe ser parte de tu aprendizaje</em> -continúo- <em>para que jamás vuelva a suceder.</em></p>
<p>Tras un aviso tranquilo, ya con el paciente en la ambulancia y a pocos metros del hospital, me incorporo para colocarle el manguito de tensión cuando un golpe sordo nos sobresalta desde el lateral. No puede ser&#8230; A través del cristal tintado distingo un coche a una distancia demasiado corta: en el último desvío, nuestra brusca incorporación ha provocado que un turismo impacte contra la puerta, causando únicamente daños leves. Ahora los dos conductores discuten acaloradamente desde sus vehículos detenidos sobre la responsabilidad del golpe. Ha llegado el momento de ponernos serios: con la cabeza por fuera de la ventanilla lateral, indico al conductor contrario que nos siga hacia el hospital, para ordenar inmediatamente a mi compañero que continúe con nuestro camino.</p>
<p>Nada más llegar a la entrada de urgencias, le explico sin dar opción a réplica el plan: <em>escucha, nosotros vamos a transferir el paciente a urgencias; tú, mientras tanto, pide disculpas al contrario y rellena los formularios necesarios. Pero&#8230; Estaremos de vuelta enseguida</em>, concluyo. Para mi tranquilidad, unos minutos después compruebo que ambos están terminando de cumplimentar sosegadamente la documentación. Ya con las riendas, aprovecho la vuelta a la base para la breve pero necesaria charla: <em>nunca hay que dejarse llevar, ya que centrar toda la atención en un único elemento añade mucho peligro a cualquier intervención. Es imprescindible no perder jamás de vista factores tan fundamentales como la velocidad, las indicaciones de los compañeros o las maniobras del resto de conductores</em>. Él simplemente asiente.</p>
<p>Con el tiempo acumuló kilómetros a sus espaldas realizando innumerables servicios. Pero admito que me costó varios meses volver a subir a una ambulancia pilotada por él.</p>
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		<title>Cambio de planes</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Feb 2012 00:34:50 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Acostumbrados a las velocidades con las que acudimos a las emergencias, los relajados límites legales hacen que uno de los &#8230;<p><a href="http://bienvenidoamioficina.com/2012/02/03/cambio-de-planes/">Continuar leyendo &#187;</a></p><img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=bienvenidoamioficina.com&#038;blog=25944689&#038;post=402&#038;subd=bienvenidoamioficina&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://bienvenidoamioficina.files.wordpress.com/2012/02/tunel.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-408" title="Tunel" src="http://bienvenidoamioficina.files.wordpress.com/2012/02/tunel.jpg?w=300&#038;h=225" alt="Tunel" width="300" height="225" /></a>Acostumbrados a las velocidades con las que acudimos a las emergencias, los relajados límites legales hacen que uno de los túneles de la autopista subterránea de la capital -la conexión más rápida entre el hospital y la base- aparente ser interminable. Mas cada norma suele tener su sentido: he de pisar el freno bruscamente al descubrir un cúmulo de vehículos detenidos en el centro de la calzada unos metros más adelante. Al tiempo que pulso instintivamente los interruptores que activan los lanzadestellos, escudriño la cabeza de la retención distinguiendo un pequeño turismo sin daños aparentes detenido en el carril central.</p>
<p><a href="http://bienvenidoamioficina.wordpress.com/tag/heihachi/">Heihachi</a> -el segundo técnico de la unidad- y yo no necesitamos más. Detengo la UVI móvil en posición oblicua, con objeto de proporcionar un área de seguridad lo más amplia posible, y le propongo un plan que sé que aceptará de buen grado, pues él es el experto en mecánica: <em>Estamos fatal en medio del túnel ¿Le echas un ojo a ver si se puede mover, mientras yo señalizo?</em> Y, de acuerdo a lo previsto, él se acerca al vehículo averíado, ahora transformado en un peligroso obstáculo, y yo me hago con los conos luminosos y corro unos metros contra el tráfico para advertir con antelación a los conductores del bloqueo, al tiempo que solicito telefónicamente la presencia de los agentes de intervención de Calle30. En el interior de la unidad, <a title="Némesis" href="http://bienvenidoamioficina.wordpress.com/2012/01/27/nemesis/" target="_blank">Némesis</a> cuestiona nuestro trabajo, según su interlocutor me relataría después. <em>¿Por qué se bajan esos dos? Que más nos dará que haya uno ahí parado.</em> <em>Espera</em> -responde confiadamente Maestro- <em>saben lo que hacen</em>.<span id="more-402"></span></p>
<p>Desde mi posición cada vez veo la cosa más fea. La circulación es intensa pero lo suficientemente fluida para que muchos conductores, ignorando mi advertencia, acaben realizando una brusca maniobra para no colisionar contra nuestro furgón. Las ráfagas de aire que me sacuden cada segundo, causadas por el paso cercano de vehículos a alta velocidad, no me inspiran la menor confianza. Heihachi ya debería haber arrancado el vehículo o haberme informado de que es imposible, pero nada de eso ha ocurrido. Es necesario resolver esta situación de inmediato, por lo que corro hacia su posición para encontrarle frente a la ventanilla del conductor, solicitando infructuosamente mediante voces y enérgicos gestos que le dé acceso. <em>¡Parece que no me entiende!</em> exclama.</p>
<p>Esto no me lo esperaba, pero no nos podemos permitir descolocarnos; abro la puerta delantera de la ambulancia para informar al resto del equipo: <em>El conductor es un paciente con posible alteración neurológica, le traemos</em>. Mientras ellos dos pasan a la cabina asistencial para preparar la recepción, Maestro no puede evitar el gesto de certeza al comentar con nuestra compañera: <em>¿Lo ves?</em>. Calculo la maniobra de camino hacia el vehículo: usando el punzón al efecto de la multiherramienta de rescate, un impacto en el vidrio triangular de la puerta trasera permitirá atravesarla para levantar su seguro y acceder así al interior. Enfundo las manos en los guantes de protección y ciño los puños de la chaqueta de intervención, pero cuando estoy desbloqueando la sujeción de la herramienta al cinturón, el paciente -quizá sospechando que su utilitario iba a sufrir las consecuencias- parece recobrar por un segundo la lucidez y tira de la manecilla interior de su portezuela, abriéndola. No negaré que introducirse en un vehículo por las malas tiene su atractivo, pero es mejor para todos que no sea necesario.</p>
<p>Mientras protegemos al aturdido paciente frente al tráfico de vuelta a la ambulancia, observamos como dos vehículos de emergencias del túnel se detienen unos metros antes de nuestra posición para establecer una protección adicional. Tras informar a sus trabajadores de lo ocurrido coinciden en lo peligroso de la situación, por lo que organizamos la retirada del vehículo al lateral de la vía. Entretanto, el paciente mejora paulatinamente al recibir en la UVI-móvil el tratamiento para la bajada de azúcar que sufre. Con la cuestión principal encarrilada, uno de los agentes comenta: <em>no termina de gustarme lo de quedarnos esperando a la grúa sin el conductor, puede traer problemas</em>. <em>Dame un segundo</em>, solicita Heihachi; tras un par de trucos de mecánico, el vetusto motor del coche recobra la vida. Perfecto, gracias de nuevo a mi compañero esto ya casi está resuelto.</p>
<p>En el interior de nuestra unidad puedo comprobar que el paciente ha mejorado hasta el punto de ser capaz llamar a su esposa, que le recogerá en el centro de urgencias que también es nuestra base. Escaso minutos después, y para alivio de los trabajadores de la instalación, una reducida comitiva formada por el pequeño vehículo -ahora pilotado por mi compañero- y por nuestra unidad, parte hacia el cercano destino. Una vez allí, nos aseguramos de la recuperación del paciente hasta la llegada de su mujer, que nos agradece una y mil veces la atención pese a nuestra insistencia en que tan sólo realizábamos nuestro trabajo; también aprovechamos el momento para resaltar la importancia del control de la enfermedad por su equipo de Atención Primaria.</p>
<p>Siempre que no te hagan perder el contacto con la realidad, momentos como este son dignos de paladear: frente a un cúmulo de imprevistos como un equipo truncado, un entorno extraño y un paciente fortuito hemos conseguido salir airosos. Sin embargo, los vítores tendrán que esperar al menos a que terminemos el siguiente aviso, pues el teléfono vuelve a sonar.</p>
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<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/bienvenidoamioficina.wordpress.com/402/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/bienvenidoamioficina.wordpress.com/402/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=bienvenidoamioficina.com&#038;blog=25944689&#038;post=402&#038;subd=bienvenidoamioficina&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Cosas del directo</title>
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		<pubDate>Sun, 29 Jan 2012 23:52:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>emilio</dc:creator>
				<category><![CDATA[Voluntariado]]></category>
		<category><![CDATA[advertencia]]></category>
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		<description><![CDATA[Uno de los muchas aspectos de los que puede presumir mi organización de voluntariado es la disciplina en las comunicaciones: &#8230;<p><a href="http://bienvenidoamioficina.com/2012/01/30/cosas-del-directo/">Continuar leyendo &#187;</a></p><img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=bienvenidoamioficina.com&#038;blog=25944689&#038;post=375&#038;subd=bienvenidoamioficina&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://bienvenidoamioficina.files.wordpress.com/2012/01/walkie.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-395" title="Walkie" src="http://bienvenidoamioficina.files.wordpress.com/2012/01/walkie.jpg?w=300&#038;h=225" alt="Walkie" width="300" height="225" /></a>Uno de los muchas aspectos de los que puede presumir mi organización de voluntariado es la disciplina en las comunicaciones: esta cuestión aparentemente secundaria supone una gran ayuda en la actividad habitual y proporciona la seguridad de estar en permanente contacto con la central, especialmente útil cuando la situación se complica. El rígido protocolo de petición de acceso, el uso de códigos y la formalidad en el lenguaje logran la coordinación de todos los equipos de la Comunidad de Madrid mediante un solo canal, y el sistema en abierto permite que cada uno conozca en todo momento la situación del resto.</p>
<p>Hoy, el silencio en la red de radio habla por sí mismo. <em>Parece que está la mañana tranquila</em>, comento a mis dos compañeros de guardia. Las ambulancias de nuestra zona permanecen disponibles en sus bases, lo que disminuye la probabilidad de que tengamos que acudir a avisos por estar ocupadas. La confianza que da compartir dotación con un equipo a toda prueba y el tiempo que hace que no coincidimos provoca que aprovechamos la guardia para ponernos al día de nuestras aventuras, asemejándose el ambiente más al de una reunión de amigos que al un entorno laboral, salvo por las bebidas alcohólicas que tendremos que aplazar hasta el fin del turno. <em>Podríamos aprovechar para ir a tomar algo antes de comer</em>, sugiero. Ambos secundan animadamente la propuesta , pero una llamada interrumpe bruscamente los planes.<span id="more-375"></span></p>
<p>Somos requeridos desde el centro de salud de una localidad cercana: un hombre de edad avanzada está siendo atendido allí por dificultad respiratoria y, a pesar de no correr riesgo vital, necesita ser trasladado al hospital para continuar el tratamiento. Perfecto, un aviso sencillo y aparentemente sin complicaciones, que nos permitirá tomar el aire y que finalizaremos a la hora del almuerzo. Inmediatamente tomamos posiciones en la cabina de conducción -hoy el timón es de uno de los compañeros, por lo que yo ejerzo de responsable- y, una vez activados los lanzadestellos, partimos hacia nuestro destino. Inmediatamente tomo el micrófono de la emisora e informo a la central de la salida de nuestra unidad.</p>
<p>Al ir a colocar el dispositivo en el su soporte descubro que, debido al uso intensivo, la pieza que lo sujeta se ha desprendido y, a falta de un lugar mejor, lo deposito descuidadamente en el posavasos incorporado a la consola central. Parece un buen momento para proseguir con la conversación que habíamos abandonado a la fuerza minutos atrás: les relataba que hace unos días recibí un correo electrónico multitudinario pero muy divertido, que ironizaba jocosamente sobre los habituales mensajes que circulan exigiendo precauciones sobre riesgos absurdos; impulsados por la curiosidad, ambos compañeros me animan a recordarlo en voz alta, a lo que accedo dado lo distendido del ambiente: <em>&#8220;¡Cuidado! Si llaman a tu puerta y aparece un hombre desnudo, diciendo que está realizando una encuesta para Chupa-Chups y te pide que se la chupes&#8230; ¡No lo hagas! ¡Es un estafador! ¡Lo único que quiere es que se la chupes!&#8221;.</em></p>
<p>Sin dar tiempo a que cesen sus carcajadas, siento una vibración en mi bolsillo acompañada de un familiar tono de llamada. La pantalla muestra &#8220;Central&#8221;; probablemente será para aportar más información sobre el aviso actual, así que lo mejor será que lo oigamos los tres:<em> Ambulancia 04, dígame</em>. La voz de la operadora suena ligeramente distorsionada a través del altavoz del móvil de la guardia: <em>muchas gracias por la información, estaremos atentos</em>, espeta. <em>¿Qué información?</em> replico extrañado. <em>Cual va a ser, la del hombre los Chupa-Chups&#8230;</em> Miro alternativamente a mis compañeros, cuyos rostros reflejan la misma extrañeza. Transcurren un par de extraños e incómodos segundos de silencio hasta que dirijo la mirada a la emisora. Mierda.</p>
<p>El piloto rojo que indica que el equipo está en transmisión está encendido, y no tardo en averiguar la razón: la concavidad del fondo del posavasos ha hecho que el botón del micrófono quede pulsado, por lo que toda la red de emergencias de la Comunidad Autónoma acaba de escuchar la última conversación: ahora la historia hace reír a cada voluntario en las ambulancias y bases de socorro. <em>Vale&#8230; me acabo de dar cuenta</em>, informo a mi interlocutora. Para mi desgracia, los acompañantes con los que comparto el espacio del furgón se han percatado al mismo tiempo que yo, y ahora se encuentran con franca dificultad para respirar pues están ocupados desternillándose de la risa de forma francamente escandalosa: por un momento parece que son ellos los que necesitan el oxígeno más que el paciente que trasladaremos.</p>
<p>Sonrío contagiado por lo cómico de la situación y ensayo mi gesto de resignación ante la certeza de que todos los voluntarios de mi base y muchos de otras tendrán una nueva historieta para compartir. En realidad, si no fuera por estos momentos probablemente no estaría aquí.</p>
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